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LOS ENFERMOS NOS MUESTRAN LOS LAZOS QUE TENEMOS CON DIOS El 11 de febrero ha sido proclamado el día del enfermo. Lo queremos celebrar a conciencia para descubrir que el enfermo nos revela la profundidad del ser humano y la presencia de Dios entre nosotros. El enfermo en efecto nos manifiesta lo que está oculto en cada uno de nosotros y nos descubre un gran misterio. Nos engañaríamos a nosotros mismos si no nos fijáramos en los enfermos. Hay entre ellos personas de toda edad y de toda condición. Son uno de nosotros. Por lo tanto nos muestran lo que somos. Nos muestran que somos seres frágiles y dependientes; que si tenemos hoy la salud, ésta no es nuestra, es un don que recibimos, del que gozamos y que tenemos que cuidar con una atención esmerada. Esta visión de nuestro ser tendría que ayudarmos a apreciar esa bendita virtud que es la humildad y que nos haría tanto bien cultivarla siempre y para todas las cosas. Los enfermos nos muestran también que nos necesitamos los unos de los otros, como el enfermo precisa de atención y acompañamiento de los que lo rodean. Efectivamente cada persona debe tener una profunda conciencia de estar relacionado con los demás y por lo tanto de la importancia de cultivar estos vínculos con amor y gratitud. Los enfermos normalmente son los que más invocan a Dios. Ellos nos muestran el lazo que tenemos con Dios, del que dependemos totalmente. Así que la visita a los enfermos alimenta nuestra fe. Pero la sorpresa más grande nos viene de Jesús, quién nos asegura que cuando visitamos a un enfermo lo visitamos a Él. En el enfermo está el Señor. Así que este 11 de febrero tendremos la oportunidad de asombrarnos de este extraordinario misterio de luz y de amor, que es el ser humano enfermo.
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