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¿Qué se esconde detrás de esas máscaras plateadas de diablo, moreno o toba? Miles de pasiones, algunas desenfrenadas y otras de auténtica fe ante la Virgen del Socavón, dispuestas a recorrer distancias, entre melodías, suplicios y aplausos, ante los pies de la Patrona del Carnaval. Son los mismos mortales que en la noche previa del Sábado de Peregrinación le rinden culto al Tío de la Mina o a la Pachamama entre libaciones del alcohol, coca y cigarrillos. Han confluido en estas fechas desde el primer domingo, luego de la celebración de Todos los Santos, cuando prometieron bailar tres años seguidos por la Virgen María, en Oruro. Son parte de la intimidad de la celebración, que usualmente se esfuma entre los ímpetus comerciales o la motivación frívola de algunos danzarines o espectadores. Sin embargo, lo más íntimo del antruejo se conjuga entre la leyenda andina y la devoción católica, esa simbiosis o el sincretismo de los que hablan los estudiosos. Saben Dios o el Tío cuándo se juntaron ambas creencias. Los mineros fueron los primeros en peregrinar, hace más de 200 años, hacia la imagen de la Virgen María ubicada en lo que ahora es el Socavón. Así nacieron las demostraciones folklóricas del Carnaval. Pero ¿de dónde vino la Virgen María o de la Candelaria? La imagen de la santa apareció pintada en la pared de un solar abandonado en las faldas del cerro Pie de Gallo, en la antigua Villa San Felipe de Austria. La leyenda atribuye el descubrimiento a dos personajes urbanos de entonces, aunque otros aseguran que se trata de uno solo con dos nombres diferentes: Chiru Chiru (su cabellera sucia se asemejaba al nido de un pájaro del mismo nombre), un mendigo que le encendía velas a la Virgen, y Nina Nina (Anselmo Belarmino), una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para dar a los pobres. Me quedo con Chiru Chiru como el primer devoto. Luego de recibir una paliza por estar husmeando y tirando piedras en la casa de un rico hacendado, el hombre quedó moribundo. Fue encontrado muerto a los pies de la imagen de la Virgen, con cirios derretidos como señal de su devoción. Nina Nina también sufrió una golpiza por robarse a la hija de Sebastián Choquiamo, un tendero de Conchupata, la zona del faro de ahora. Las escrituras del presbítero Emeterio Villarroel señalan que el malhechor fue perseguido, luego detenido y golpeado por el celoso padre, hasta que cayó en un sanatorio. Allí, cuando el cura Carlos Borromeo Mantilla le ofrecía la extremaunción, Nina Nina le confesó, arrepentido de sus fechorías, que quien lo socorrió fue una hermosa mujer, la Virgen Candelaria. A esa misma mujer, convertida en Ñusta, se le atribuyen las disputas con Huari, el Supay, por la fe del pueblo Uru. La mitología del Carnaval recuerda que la bella mujer venció a las plagas enviadas por el nefasto dios, convirtió las hormigas en dunas de arena y a un gigante sapo en roca, y con su espada de plata decapitó a la víbora y al lagarto. Hoy, esos símbolos también son motivo de pleitesía. Y Huari es el mismo Tío de la Mina, venerado esencialmente por los mineros. A él se debe la fertilidad de la Pachamama, cuyos frutos son las vetas de plata y estaño o las cosechas de la época. Son el Tío (el Diablo) y la Virgen (la Ñusta) los dueños de la fiesta. Las opiniones de este sector son de la total responsabilidad de sus autores,
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